Ana es miembro fundador de las Comunidades Docentes STEM+ Latinoamérica. Su espíritu inquieto y su compromiso la llevaron a transformarse en mentora de otros que, como ella, creen en una educación marcada por la innovación donde las preguntas y las reflexiones permiten avanzar. Conoce su historia.
“Soy la última de cinco hermanos, hija de padres nacidos en la hermosa y calurosa ciudad de Piura al norte del Perú, donde solía pasar mi infancia aprendiendo de mi abuela Carmen sobre cultivos, riegos y cosechas. Una labor que realizaba entre las 4 y las 9 de la mañana, cuando el balido de las ovejas y cabras nos avisaba que venía de regreso. Creo que fue la vida en el campo la que generó mis primeros conflictos cognitivos”, nos cuenta desde Lima, Perú, Ana Silva, maestra de Educación Primaria de la Institución Educativa “Túpac Amaru” La Victoria, miembro de las Comunidades Docentes de la Red STEM Latinoamérica.
En su infancia las vacaciones en el campo se iban alternando con la agitación de la gran Lima. Una capital dinámica donde había menos verde, “pero muchos más saberes que se entrelazan desde la experiencia”, recuerda Ana y avanza al momento en que tuvo que decidir su camino profesional: “Pensé en ser abogada o bombero, pero luego decidí trabajar construyendo personas. Ayudar a los niños a descubrir cosas nuevas como las que vi en el campo, orientarlos en la búsqueda de respuestas y acompañarlos a imaginar nuevas formas de hacer las cosas”. Así consolidó su vocación de maestra.
Confiesa que a pesar de que nunca ha dejado de capacitarse, cinco años de universidad y 25 años de ejercicio han pasado rápido: “En mi país las reformas curriculares iniciaron antes del año 2000, lo que significó talleres de capacitación impartidos por el Ministerio y acompañamiento en clase a los maestros. Tuvimos mucha bibliografía para analizar y poco tiempo. Hubo mucha apertura a la investigación y a la posibilidad de pensar diferente”.
La inspiración
En eso estaba cuando descubrió al educador peruano, José Antonio Encinas Franco, quien en palabras de Ana “se preocupó por la formación de ciudadanos libres y democráticos con énfasis en la ciencia y tecnología como motor del aprendizaje. Encinas dejó instalada la idea del aula como un laboratorio”, una metodología que encajó con lo que Ana buscaba.
Y así de formar niños y jóvenes, pasó a formar maestros: “Sé que los retos son mayores y que los maestros esperan mucho de mí, por eso debo prepararme constantemente. No siempre hay recursos o tiempo, pero recuerdo cuando una de las directoras me dijo arriesga y esa palabra marcó mi labor docente. Me ayudó a enfrentar dudas y temores, y a salir de mi zona de confort”. Tan así que hoy dice estar lista para asumir cualquier reto, ya sea en la ciudad o en algún pueblo del interior del país “donde pueda aportar a hacer procesos de construcción de aprendizajes más creativos e innovadores”.
Una misión que ejerce convencida de que “en educación, nada está escrito en piedra y debemos de acostumbrarnos a pensar diferente y crear cosas nuevas”.
La crisis y la oportunidad
Durante la pandemia por Covid-19, Ana pasó horas frente al computador buscando la mejor forma de enfrentar la nueva realidad de la educación hasta que se encontró con la Iniciativa Educación para Innovación de la Fundación Internacional Siemens Stiftung implementada por el CIDSTEM de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. En esa etapa el proyecto buscaba identificar, analizar y sistematizar buenas prácticas de enseñanza y aprendizaje en ciencias de docentes de siete países de Latinoamérica: “Sentí que mi práctica docente se engarzaba con el quehacer de muchos otros maestros. No estaba sola en esta forma de hacer educación”.
Fue así como se sumó a las Comunidades Docentes STEM+ Latinoamérica: “Un espacio de análisis, de escucha, de puesta en común, de creación; donde se unen voluntades para consolidar aprendizajes”, que la llevó a participar en los Encuentros de la Red STEM Latinoamérica en Chile (2023) y Colombia (2024). Su rol en las Comunidades ha ido cambiando y hoy es parte del equipo de “Desarrollo Profesional Docente” en el que se proponen espacios de formación y profundización del enfoque STEM desde la práctica docente y la mentoría.
La importancia de los mentores
“En el camino de ser maestra siempre estamos en el punto de partida y, a veces, es más complejo si avanzamos en solitario. Creo que es importante aprender entre pares para promover un proceso de mejora continua a la luz de la experiencia de otro maestro/mentor que acompaña, sostiene e interpela, y ayuda a asumir los retos que el siglo XXI plantea a nuestra profesión”.
Para ella “el proceso de mentoría es un engranaje de experiencias” que además de la mejora continua fomenta la reflexión permanente: “La educación debe estar impregnada de preguntas, dudas y mejoras. Ser mentora es promover el compromiso y responsabilidad de un maestro con su propia formación. Me anima que en la Red de Comunidades Docentes STEM+ Latinoamérica se esté consolidando un espacio de mentoría que contribuya a consolidar el pensamiento crítico, la innovación, la autonomía docente y el desarrollo profesional. Que fortalezca la identidad de los maestros desde nuestra cosmovisión latinoamericana”.
Ana es una convencida de que el mayor aporte que un maestro puede hacer hoy a sus estudiantes es desarrollar en ellos las competencias para que puedan desempeñarse en un mundo en permanente cambio: “Cultivando la curiosidad, la creatividad y la actitud científica, en un ambiente de libertad. Si antes había un inmenso campo en la chacra de mi abuela que me asombraba y ayudaba a descubrir el mundo, ahora ese espacio lo ocupa la educación y las posibilidades que tengo de educar desde el asombro, la investigación y la pregunta”.




